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sábado, 16 de enero de 2016

¡LAS BRUJAS!

Juan y Marco eran dos hermanos que trabajaban cuidando ganado a la gente que vivía en la hacienda de Peñuelas, hoy, construcción derruida por el paso del tiempo y la mano del hombre.

— Tú no quieres creer, pero si la gente cuenta es que algo de cierto deben tener las malditas historias. Nosotros nunca hemos vivido una a pesar de que andamos por el monte cuando ya anocheció, pero yo no dudo ni tantito qué el diablo y la maldad existen.

— Eh, ¿Escuchaste eso? ¡Hey! ¿Quién anda ahí? Habla o sacó la fusca.

— Mejor corremos Juan.

— No, mejor lo hacemos correr a él o a lo que sea eso. (Sonido de disparo).

— ¡Canijo! Casi me das.

— ¡Caray don Pedrito! Que susto nos sacó, ¿Pues qué anda haciendo tan tarde por aquí?

— Voy a llevar estos costales de fréjol, se me hizo tarde en Peñuelas.

— Oiga Don, ¿Y no le da miedo cruzar usted solo el campo tan noche?

— Pues sí, pero ya que le hago. Más ahora con los cuentos que se traen en el pueblo de las brujas.

— ¿Cuáles brujas?

— Ande ya Don Pedrito, siga su camino, déjese de esos cuentos que se le va a hacer más tarde todavía.

Se cuenta que esa noche aquel viejo campesino montado a lomos de su burro atravesaba el monte. Estaba todo obscuro, hacía mucho frio. De pronto el burro comenzó a rebuznar y a correr inquieto, y acabó por tirar al suelo a su amo. El campesino asustado corrió por el monte sin parar tratando de encontrar al animal, hasta que vio un resplandor entre los árboles y oyó unas voces como cánticos allá a lo lejos....

— ¡Dios Santo! ¡Sí que es cierto lo que dicen!

Se acercó al lugar de donde provenía esa luz y pudo escuchar perfectamente voces de mujeres que cantaban, reían y hablaban de manera extraña. Escondido entre las ramas pudo contemplar como en aquel claro del monte numerosas mujeres mayores vestidas con túnicas negras y pintadas de manera extraña corrían alrededor de una gran fogata, levantando y bajando las manos, gritando y cantando extraños ritos satánicos. ¡Eran brujas!

De pronto oyó un rebuznar y vio como una de aquellas mujeres decapitaba a su burro. La bruja clavó la cabeza del animal en una lanza y danzaba alrededor del fuego con ella pasando la lanza a las demás mientras la sangre se deslizaba por el filo y era absorbida por las hambrientas bocas de las brujas. Después de semejante acción las brujas se sentaron en 12 piedras que estaban dispuestas en círculo alrededor de una piedra central, la de la bruja mayor.

— ¡Dios Santo! ¡Mi burro! ¡Esas brujas mataron a mi burro! ¡Yo mejor me voy de aquí!
Asustado echó a correr monte abajo queriendo llegar al pueblo pero antes de cumplir con su objetivo alcanzó a Juan y a Marco, y al pasar junto a ellos cayó al suelo desplomado por el esfuerzo.

— ¡Don Pedrito! ¿Qué tiene, qué le pasa?

— ¡Las vi! ¡Las vi! ¡Vi a las brujas, mataron a mi burro! ¡Eran ellas, no entren al monte, no entren!

Los hombres acudieron a socorrerle y lo recostaron en la maleza mientras el hombre no dejaba de hablar de lo que había visto. Pasados unos segundos el campesino murió. Cuando clareo el día algunos hombres llegaron al claro del monte pero solo encontraron un montón de piedras junto a manchas de lo que parecía ser sangre. A partir de entonces y hasta la fecha la gente intenta evitar ir por ese lugar al cruzar el monte...

miércoles, 13 de enero de 2016

¡LA MUÑECA DE PORCELANA!

Erika: Mira estas muñecas las traje de casa de mi abuela, la verdad es que ella las quería 
mucho y al morir no había quien las siguiera cuidando, así que decidí quedarme con ellas.

Erika había invitado a su amiga Paola a pasar la noche con ella, aprovechando que sus padres habían salido. 

Ella le contaba a su amiga como esas extrañas muñecas de porcelana habían pertenecido a su abuela durante muchos años y como en vida había sido su más grande tesoro.

Paola: oye no te ofendas, pero esas muñecas están de dar miedo, su cara, su sonrisa, no sé hay algo en  ellas que no me gusta.

Erika: Huuuy en la noche te van a venir a jalar de los pies.

Paola: ¡¡No hagas eso!! Me espantaste, ya viste ya rompí una de las muñecas, con el golpe le corte la cabeza.

Erika: Jajaja como le tienes miedo a esto, mira, las voy a guardar en el closet bajo llave, para que puedas dormir tranquila y mañana temprano reparamos la que se rompió, total no creo que sea mucho problema pegarle la cabeza ¿No? ahora solo falta que aparezca mi abuelita y te pide que se la pagues.

Esa noche, Erika guardo bajo llave en el closet las muñecas de porcelana de su abuela, entrada la madrugada, cosas raras comenzaron a suceder.

Paola: ¿Erika, Erika, escuchas eso?

Erika: ¿Qué? Ay, no sé, debe de ser algún ratón.

Paola: no sé, mejor prende la luz, el ruido viene dentro del closet.

Ambas niñas: ¡¡AAAAHHH AAAHHH AAAHHH!!

La sorpresa fue terrible, al encender la luz las muñecas de porcelana estaban fuera, tiradas en el piso como si alguien las hubiese  sacado de ese lugar.

Paola: yo mejor me largo de aquí.

Erika: calma, espera.

Paola: esto es cosa del diablo.

Erika: no Paola espera.

Paola corrió hacia las escaleras para descender a la planta baja y salir corriendo de esa casa.

Paola: ¡¡¡AAAHHH AAAHHH AAAHHH!!!

Erika: Paola ¡¡CUIDADO!!

Sin darse cuenta y por el miedo con el que corría, Paola tropezó por uno de los escalones y cayó rodando por la escalera, al caer al piso su cabeza tronó al romperse los huesos del cuello. 

Erika se acercó lentamente y miro con profundo terror la causa del tropiezo de su amiga, en el escalón se encontraba la muñeca de porcelana sin cabeza, que su amiga había roto esa misma noche, y a lo lejos por el pasillo que conduce al patio trasero se escuchaba una risa macabra, al parecer era la risa de su abuela que parecía haber venido a cobrar venganza por lo que habían hecho a sus consentidas muñecas...

Y ustedes ¿que tan seguros estan que las muñecas que estan adornando en su casa siempre estan en el mismo lugar donde las dejan la noche anterior?