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miércoles, 31 de agosto de 2016

¡EL NUMERO MALDITO!



Resultado de imagen para EL NUMERO MALDITOComenzamos con la historia de un número de teléfono móvil maldito, el cual se le atribuyó varias muertes en misteriosas circunstancias. No es el argumento de una mala película de terror, sino más bien algo real. En la década del 2000, una empresa de telefonía móvil búlgara llamada Mobitel emitió el número (+359) 0888 888 888. Aunque ciertamente es fácil de recordar, no hay nada que indique que deba ser especialmente siniestro o maldito, simplemente se trata de un número de teléfono móvil. De hecho, el 8 es considerado como un numero de buena suerte en algunos países, como China, donde las empresas tienen que pagar grandes sumas de dinero para la compra de números de teléfono con el mayor número de ochos posible. Sin embargo, la historia de Mobitel no tiene nada que ver con la buena suerte.
La primera persona en poseer el número fue el director ejecutivo de la compañía, Vladimir Grashnov. Menos de un año después de adquirir el número, el CEO de tan solo 48 años murió repentinamente de cáncer en 2001. Pero lo más misterioso es que Vladimir se encontraba perfectamente de salud antes del cambio de milenio, por lo que comenzaron a surgir teorías sobre que el origen del cáncer podría estar en un rival de negocios y materiales radiactivos peligrosos. En ese momento, nadie relacionó su muerte con el número de teléfono, pero esto cambiaría con la sucesión de otras muertes violentas.
La siguiente persona en poseer el número el número (+359) 0888 888 888, fue el mafioso búlgaro Konstantin “Samokovetsa” Dimitrov. En 2003, el mafioso de 31 años se encontraba en los Países Bajos para supervisar una operación de contrabando de drogas con su novia. Mientras los dos estaban cenando en un restaurante de lujo en Ámsterdam, una persona disparó salvajemente contra ellos, hiriendo a la mujer y matando a Dimitrov. Según informaron los medios de comunicación, Dimitrov poseía el infame número de teléfono y cuando fue abatido a tiros se encontraba llamado a alguien.
Aunque la versión oficial fue el de un ajuste de cuentas, comenzaron a surgir rumores de que el número de teléfono había matado a Vladimir Grashnov y Konstantin Dimitrov. Y de nuevo, el número de teléfono se cobró una nueva víctima, un promotor inmobiliario llamado Konstantin Dishliev. En este caso, parece que Dishliev había estado viviendo una doble vida, promotor inmobiliario por el día y traficante de drogas por la noche. En 2005, Dishliev abandonaba un restaurante indio en la capital búlgara de Sofía cuando fue abatido a tiros allí mismo, en la calle por un asesino desconocido
Debido a que la investigación policial descartó que se tratara de un ajuste de cuentas, volvieron los rumores sobre el numero maldito. Después del asesinato de Dishliev, el número de teléfono supuestamente maldito se hizo latente entre los habitantes búlgaros. A partir de ese momento, cualquier intento de llamar al infame teléfono deba como resultado un mensaje en concreto: “No disponible o fuera de cobertura”. Además, el portavoz de la empresa de telefonía Mobitel dijo:
“No tenemos ningún comentario sobre este tema. No hablamos de números individuales.”
¿La empresa decidió dar de baja el número maldito? ¿Una orden judicial obligó a dar de baja el numero?

domingo, 14 de febrero de 2016

¡NUNCA AYUDES A UN DESCONOCIDO!

La Segunda Guerra Mundial había acabado, pero el daño que habían causado los alemanes durante la ocupación y sobre todo durante su repliegue tras perder la Batalla de Normandía había dejado al pueblo francés en la más absoluta miseria. Con muchos de sus cultivos incendiados y sin casi ganadería, comer se había convertido en un privilegio al que sólo unos pocos podían aspirar.


En medio de este caos acceder a un trozo de carne o un huevo era casi imposible y sólo en el mercado negro se podía conseguir un alimento fresco que llevarse a la boca. Por supuesto sus desmesurados precios eran controlados por un grupo de gente sin escrúpulos que eran capaces de ver morir de hambre a sus compatriotas con tal de aumentar su fortuna. No es por eso extraño que se pagaran relojes de oro, joyas heredadas generación tras generación u obras de arte por un simple mendrugo de pan.

Monique, la protagonista de esta historia, no era ajena a la situación. Durante la ocupación se había visto obligada a “ofrecer” sus encantos femeninos a los soldados alemanes para poder comer. Por este motivo entre una multitud de gente casi famélica, por un hambre prolongada durante meses (si no años), Monique destacaba por su lozanía y por tener algún kilito de mas, algo totalmente inusual y que la hacía verse más atractiva que la mayoría de las mujeres de su edad. Monique sabía que esa era su mejor arma para seguir consiguiendo comida, pero la situación se había vuelto tan tensa que ya nadie parecía requerir sus “servicios”, preferían comer, que su compañía.

Un poco angustiada por el hambre, que por primera vez empezaba a sufrir desde que comenzó el conflicto, recorría el mercado buscando alguien a quien poder “convencer” para que le diera una pieza de fruta o un trozo de pan. Algo de carne era algo impensable ya que el único puesto que aún la despachaba tenía unos precios prohibitivos y sus distribuidores parecían inmunes a sus encantos. Mientras miraba con la boca hecha agua como fileteaban un trozo de carne para un señor que había ofrecido como pago un collar de oro un viejecito cayó casi a sus pies.

La turba de gente que se agolpaba junto al puesto de carne había empujado al anciano, quien había recibido un fuerte golpe en la cadera y parecía no poder levantarse. Tal vez la moral de Monique no fuera la más adecuada, pero sin duda la chica tenía un gran corazón y como un resorte se agachó a ayudar al señor para ayudarle a levantarse.

El viejecito aún dolorido le pidió que le ayudara a salir de allí y le guiara hasta unas escaleras que habían cerca para poder sentarse un rato.

– Muchas gracias por tu ayuda jovencita, parece que el hambre le hace olvidar a la gente el respeto por sus mayores.

– Esto es un verdadero caos – dijo Monique – no debería acercarse a ese maldito puesto de carne, las personas se vuelven como animales cuando empiezan las pujas.

– Pero si no me hubiera acercado ahora no tendría esto – dijo el anciano mostrando un paquete con aproximadamente un kilo de carne.

Los ojos de Monique se abrieron como platos, no había visto la carne tan cerca en semanas.

– ¿Cómo te llamas jovencita? – dijo el señor que esbozaba una maliciosa sonrisa mientras Monique tenía los ojos clavados en la comida.

– Monique – dijo sin apartar su mirada de la carne.

– Hagamos un trato Monique – dijo el viejo que sabía que la chica había picado su anzuelo- Si me ayudas a llevar este trozo de carne a mis hijos que viven cerca de aquí, te prometo un filete para ti sola. Al fin y al cabo un favor se paga con otro y yo casi no puedo caminar con el dolor que tengo en la cadera.

Monique que no podía salir de su asombro por tan gentil oferta sólo acertó a asentir con la cabeza mientras miraba al anciano. Este le extendió el paquete y le pidió que esperara un momento mientras escribía en un papel que metió dentro de un sobre que posteriormente cerró.

– Ya de paso aprovecho para que le entregues esta carta a mi hijo Matías – dijo el viejo quitándole importancia – si no, no se va a creer que te he prometido un trozo de carne por el encargo jeje.

Tras despedirse del señor, que aún se sujetaba la cadera con la mano en un claro síntoma de dolor, Monique se dirigió hacia la dirección indicada. Quedaba al otro lado de la plaza, cruzando el mercado, pero algo le perturbó cuando había avanzado sólo unos metros. Uno de los vendedores en el puesto de carne parecía esbozarle una sonrisa, pero no una de esas que le regalaban los hombres para ganarse sus favores, había algo perverso o malicioso en ella. Bajó la cabeza un poco asustada y como si su instinto femenino le avisara sintió que algo raro estaba pasando. Se giró para mirar al anciano pero allí ya no había nadie ¿cómo podía haberse ido tan rápido y escasos segundo antes no podía ni levantarse?.

Continuó su camino hacía la dirección marcada pero había algo en su interior que le decía que tuviera cuidado, una especie de intuición o sexto sentido que le pedía que saliera corriendo y nunca entregara esa carne. Pero como ya habíamos dicho, Monique era una chica honesta que se veía incapaz de robarle a un anciano y a pesar de su miedo, prosiguió con su encargo.

Pero algo la detuvo una vez que llegó al lugar marcado, la dirección exacta estaba en un oscuro y recóndito callejón que quedaba oculto de la mirada indiscreta de todo el que paseara por la calle principal. Ligeramente asustada por la idea de que el viejo hubiese ideado un plan para violarla. Decidió que lo mejor era no arriesgarse, así que ofreció una moneda de pequeño valor a un muchacho de la calle para que terminara el encargo.

Le esperaba en la esquina mientras observaba como el chiquillo llamaba a una sucia puerta de madera en la que se abrió una mirilla por la cual un hombre se asomó para ver quien había llamado y comprobar que no hubiera nadie más con él.

– ¿Es usted Matías? – dijo el chico- su padre le envía esta carta y este paquete de carne.

El hombre no le hizo esperar, abrió la puerta con la intención de recibir el paquete. Pero para sorpresa de Monique, que observaba todo desde la distancia, no agarró el paquete de carne, si no que sujetó fuertemente la muñeca del muchacho y de un tirón lo metió dentro de la casa cerrando la puerta con fuerza. Se comenzaron a escuchar gritos que fueron acallados en pocos segundos…

El bullicio ensordecedor de la plaza había silenciado al pequeño. Pero Monique había sido testigo de todo, así que gritando se dirigió a un par de militares que sabía que siempre vigilaban que todo estuviera en orden cuando el mercado se abría.

– ¡Por favor ayuda, acaban de secuestrar a un niño! – dijo Monique mientras tiraba del brazo de uno de los soldados guiándole hacia el lugar.

En menos de un minuto los militares se encontraban golpeando la puerta del lugar en el que había desaparecido el niño. Un fuerte alboroto se escuchó en el interior del edificio, un par de hombres vociferaban y golpeaban la puerta desde el interior, parecía que estaban colocando muebles y otros objetos pesados para evitar que se abriera con las patadas de los soldados. De repente el ruido cesó y segundos después, por una de las ventanas que habían en el tejado apareció un hombre que velozmente saltó al edificio cercano y desapareció de la vista de Monique, quien gritando avisaba a los militares que estaban escapando por arriba.


Un segundo hombre salió y los soldados advertidos por Monique le dispararon, uno de los disparos le acertó en pleno corazón y cayó rodando por el tejado hasta el vacío, golpeando el suelo con un golpe atronador a unos metros de Monique.

Tras un par de minutos, los militares se cercioraron de que nadie mas saliera por la ventana y regresaron a la puerta, que empezaron a golpear con más insistencia hasta que consiguieron abrirla lo suficiente para apartar los muebles con los que los delincuentes habían formado una barricada temporal que impedía acceder al edificio.

Cuando consiguieron entrar se quedaron estupefactos, uno de ellos tuvo que salir inmediatamente mientras vomitaba, su estómago no pudo soportar el presenciar tan macabro espectáculo.

De un gancho colgaba el niño boca abajo con la garganta degollada, un cubo debajo recogía toda la sangre. A escasos metros había una mesa que parecía usarse para separar la carne del hueso y donde se podían ver restos humanos como pies, manos y una cabeza. Junto a unos cuchillos ensangrentados habían varios montones de carne humana que ya estaba lista para ser empaquetada.

Mientras, Monique, ajena al matadero humano que habían visto los militares se acercó al hombre abatido por los disparos, al mirarle más de cerca le reconoció como uno de los hombre que despachaban carne en el mercado. Pero lo que más le llamó la atención fue que de uno de sus bolsillos asomaba el sobre que le había entregado el anciano. La mujer se agachó y tras recogerlo decidió abrirlo, en su interior encontró escrito lo siguiente:

“Esta es la última que os envío hoy, las ventas van mejor que nunca”

Por supuesto cuando los soldados fueron al puesto de carne ya no quedaba nadie allí, seguramente el hombre huido había conseguido avisarles...

viernes, 29 de enero de 2016

¡EL CHAT PROHIBIDO!


Un día me dijo que era vidente, y no es que no le creyera, pero me muestro generalmente bastante incrédula respecto a estos temas. Lo que no veo, no existe para mí. No digo que debiera haberle creído sólo porque le estimaba ya que en mi opinión la amistad y la confianza son muy importantes, pero simplemente hice un esfuerzo y le di el beneficio de la duda. ¿Y si era yo la que estaba equivocada?. No volvimos a hablar del tema hasta que un día volvió a aparecer en el chat donde estábamos conversando y me envió un privado. Era una de esas ventanitas que sólo podíamos ver ella y yo. Absolutamente privado.

Ella - Hola, ¿seguimos el tema?


Yo - ¡Vale! Pero no creo que puedas convencerme, ya sabes... me cuesta creer estas cosas. 


Ella - No pretendo convencerte de nada, pero nací con ciertos dones y tampoco tengo intención de ocultarlos al mundo. 


Yo - Eso debe estar bien. 


En realidad no sabía qué decirle. ¿Estaba bien? En fin... poco podía decir yo al respecto. 

Ella - Está bien, pero no siempre. Cuando tengo una visión acabo agotada.


Yo - ¿Te supone un esfuerzo?


Ella - Sí, bastante esfuerzo. 


Yo -¿Y por qué lo haces? 


Ella - No es algo que se elija, se nace con ello.




Hubo un silencio en el que ninguna de las dos parecía saber qué decir. Miré el canal donde nos habíamos conocido siete meses atrás. Estaban hablando de las próximas vacaciones de verano. 

Ella - ¿Sigues ahí? 


Yo - Sí, ¿no puedes verlo? (Bromeé)


Entonces dijo algo que me asustó.

Ella - Sí, puedo verte. 


Tragué saliva y pensé, vaya, me está tomando el pelo y yo caigo como una tonta. 
Sentí un escalofrío pero decidí presionarla.

Yo - ¿Ah, sí? Pues dime... ¿con quién estoy? 


Ella - Sola-...


Bueno, eso podía haberlo comentado antes en el chat y que ella lo hubiese leído. Decidí seguir con aquello como si se tratara de un juego.

Yo - Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación.


Ella - Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido.


Yo - Ya, pero eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran. 


Ella - Tú tienes borrada la A, la S, la L y la M.


Miré mi teclado más curiosa que horrorizada, pero de la curiosidad a la ansiedad hubo tan sólo un instante. Ya no me hacía tanta gracia el juego. Mi condición de incrédula, no obstante, me hizo ir más allá.

Yo - Amiga... estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime algo que sorprenda de verdad. 


Ella - ¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees? 


Buena pregunta, pensé. 

Yo - Igual para conocerte un poquito más, o para experimentar algo que no haya experimentado antes.


En ese momento supe que ella sonreía desde su lado del monitor. Internet es un sitio particular. Estás en tu casa, en camiseta de tirantes y pantalón corto, descalza y con el ventilador puesto cuando al otro lado de la pantalla alguien te habla abrigado hasta el cuello, con un par de calcetines y la estufa puesta porque tú estás disfrutando del inminente verano y ellos aún están pasando clima de invierno. 

Mi amiga se había mostrado siempre amable, abierta, simpática y con un buen sentido del humor. Se podía decir que coincidíamos en todo menos en este tema. No nos gustaba el fútbol, adorábamos las comedias, nos encantaba Oscar Wilde, ambas habíamos visitado Orlando, a las dos se nos había muerto el padre... ¡eran tantas cosas las que nos acercaron y nos hicieron grandes amigas!. 

Ella - ¿Cómo llevas el libro? –Preguntó de pronto. 


Yo - ¿Qué libro? 


Ella - El que tienes encima de la mesa... déjame ver... La fuerza bruta, de John Steinbeck.


Miré a mi derecha con los ojos como platos. ¿Se lo había dicho? ¿Le había dicho que lo había empezado o que iba a leerlo? ¿Le había dicho que solía poner los libros en mi mesa porque me encantaba mirar una y mil veces las portadas de los libros que me estaba leyendo? Evidentemente, la respuesta debía ser sí.

Yo - Acabo de empezarlo. Lo escribí sin dejar notar nada sobre mi –todavía- sorpresa...


Ella - Yo no lo he leído..


Yo - Ya te diré qué me parece.


En el chat general el tema de conversación giraba en torno a las lanchas motoras. No me pareció más interesante que mi conversación en privado y me puse a pensar qué podía preguntarle para descubrirla o rendirme a sus pies definitivamente. Pero habló ella. 

Ella - Alguien va a llamar a la puerta.


Yo - Ah, pues ve, te espero. --


Ella - No. Es en tu casa. -


Sonreí incrédula. Iba a poner una risa (jajajaja) cuando sonó el timbre. Miré hacia la puerta de la habitación. Mis ojos volvieron a la frase premonitoria de mi amiga. 

Yo - Ahora vengo. 

Ella - Ok...

Llegué hasta la puerta y miré por la mirilla. Un vendedor de alfombras.

- No me interesa. –Dije para no tener que abrir. 

El chico dijo algo que sonó despectivo y se marchó a otro piso. 
Volví al chat. 

Yo - ¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras.

Ella - Te he dicho que puedo verte.

Sopesé la posibilidad de que tuviera razón pero mi sensatez lo negaba una y otra vez. No había nacido yo para creérmelo todo, y menos aún aquello que escapaba a la lógica. Mi amiga no sólo estaba en su casa, sino que estaba en otro país y teníamos distinta franja horaria. 

Ella - ¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero...

Yo - ¿¿¿pero??? 

Ella - Es que no sabría explicártelo. Generalmente tengo visiones premonitorias, otras veces, como hoy, puedo provocar el verte. Aparecen imágenes frente a mí y te veo, veo tu habitación, pero esto supone un gran esfuerzo. Me duele la cabeza. 

Yo - Ya, pero... ¿y el “pero” que decías? 


Ella - Es que no quiero asustarte pero presiento algo raro.


Yo - Ahora sí que me estás asustando.


¡Pero qué poca firmeza tenía, por Dios! ¡Ahora estaba asustándome de verdad! Yo, la incrédula, la que si no ve, no cree. Me sentía agitada. Quizás se debía a que eran pasadas las diez de la noche ya, estaba sola en casa y la última persona que había visto había sido un desconocido poco amable desde una mirilla. Al menos aún podía escuchar el volumen alto de un televisor. Era mi vecina, una viejecita que estaba algo sorda.

Yo - No sé pero... quizás deberíamos cambiar de tema.

No es que me hayas convencido pero... 

Ella -  No te preocupes, te entiendo. ¿Tengo tu permiso para seguir observando? 


Yo - Claro, pero que conste que no tengo tan claro que puedes verme. Mi sesera me impide creerte...

Miré de nuevo el chat para ver si surgía algún tema en el que pudiera involucrarme pero estaba parado. Había unos siete miembros en el chat y ninguno de ellos hablaba. 
Todos estaban en privados. Miré la ventanita del privado de mi amiga.

Iba a escribir algo cuando vi que ella se me había adelantado.


Ella- Cielo, ahora no te asustes pero, no estás sola.

Sentí un escalofrío en mis piernas y mis brazos. Tanto se erizó el vello que me dolió. ¿Cómo se podía calificar a una de “cielo” para luego decirle que no estabas sola en la habitación?. 

Yo - ¿Qué quieres decir? Me estás poniendo nerviosa.

Ella - No puedo identificarle pero está detrás de ti 

Yo - Por favor para 

Ella - No se mueve casi, no te asustes, déjame observarle. 

Yo - Estoy asustada.-


Ahora sí que lo estaba. Miraba la ventana. Oscuridad total. No me atrevía a girarme hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? ¿Y si allí estaba mi amiga? ¡u otra persona! Eso aún era peor... comencé a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancada en mi propia lucha para creer o no creer. 

Ella - ¿Notas frío a tu alrededor? 

Su pregunta me llegó casi cuando estaba a punto de apagar el ordenador y encender la luz del techo para meterme rápidamente en la cama y olvidarme del tema. 

Yo - Estamos a más de 30 grados.- Le informé. 

Ella - Ok. Es que no consigo entrar en él.-

Yo- ¿¿¿EL??? ¿¿entrar?? 

Ella - Se muestra como una estatua por eso no me deja descubrirle. No sé si es bueno o tiene malas intenciones. Sólo sé que está ahí, estático. 

Yo - Yo no veo a nadie... esto no me gusta. -

Ella - Ya te dije que no te asustarás, cielo. Además, yo estoy contigo

Yo - Sí, a miles de kilómetros de distancia.-


Entonces lo noté. Una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre mi brazo. El pelo se erizó en aquella zona, completamente en alto. El resto de mi cuerpo no percibió nada.

Yo - ¡Está pasando algo! 

Ella - ¿¿Qué?? 

Yo - He sentido un frío helado en mi brazo- 

Ella - Tranquilízate.


Yo - Se me ha erizado el pelo, tengo una extraña sensación.
Comenzaba a ser pánico.-


Ella - Cielo, tranquila, hazme caso-

Yo - ¡Esto es muy raro, estoy asustada. Necesito tranquilizarme, estoy.... joder! 

Yo - joder joder joder joder joder- 


Ella - ¿Quieres dejar de escribir? 

YO - joder joder joder joder joder

Ella - Te va a dar una taquicardia, tranquilízate-

Y entonces noté un soplo frío en un mi cuello, como si me hubieran tirado el aliento.

Yo - ¿Qué significa el frío del que me hablabas? 

Ella - El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo enfadados o... 

Yo - ¿Ohh? 

Ella - violentos -

Yo - ¿¿Violentos??
Yo - Joder ayúdame,¿¿¿ qué hago???

Ella - Tranquilízate, yo no lo he visto moverse.


Yo - ¡Haz algo! 


Ella - Cielo ¿quieres tranquilizarte?

Yo - ¡Hay alguien conmigo joder! Tengo un muerto tirándome su aliento en mi espalda, estoy acojonada, estoy asustada, estoy llorando.- 

Ella - Cielo.... ¿te importaría escucharme? Deja de escribir y lee esto. 

Hice un esfuerzo. Para mí escribir suponía no mirar atrás y leer palabras, ya fueran suyas o mías, sentirme menos sola en mi habitación.

Ella - No hay nadie, cariño-

Yo - Lo dices para tranquilizarme- 

ELLA - NO HAY NADIE-...

Yo - Está aquí, lo siento, lo presiento lo notooooooo!!
Ella - Ok. Escúchame. Era broma.

Yo - ¿¿¿Broma???? 

Ella - Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie. 

Yo - pero yo siento algo - 

Esto último lo escribí con lágrimas en los ojos y más asustada que nunca. 
Sus palabras no me tranquilizaban. Las lágrimas a veces me impedían leer bien pero me las quitaba restregándome en segundos los ojos o apretando los párpados para que salieran disparadas y dejaran de molestarme. 

Ella - Voy a llamarte por teléfono - 

Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. ¿Había hecho ella misma una conferencia para convencerme de que no existían las videntes ahora que ya me lo había creído?. Fui a descolgar pero ocurrió algo que congeló mi mano en el aire. 

Ella - Cielo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo llamarte o prefieres que sigamos aquí?

Cuando ya tenía puesta la mano en el auricular ví su privado. ¿Cómo podía escribirme y llamarme a la vez? Miré el identificador de llamadas antes de descolgar. No había número, era anónimo. No era ella. Eso lo tenía claro después de haber visto el privado. 

Respiré hondo y dudé entre contestar al privado o descolgar el teléfono. Me decidí por la llamada.

- Dígame- 


- Tu amiga va a a morir mientras tú escuchas este mensaje-


Jamás había sentido tanto miedo y jamás en mi vida mi corazón había dado un vuelco tan grande ni mis piernas –aún sentada- me habían fallado con tal rapidez. Me hice de mantequilla. Comenzó a darme vueltas la habitación y luché por recuperar el aliento. 

De pronto la línea se cortó y comenzó el molesto pitido de “comunicando”. Solté el auricular como si me quemara en las manos. Volví rápidamente al chat, al privado. Tecleé tan rápido que lo escribí todo mal. 

Yo - ¿Estas ahí? 


Yo - ¡¡¡responde!!!!


Yo- ¡¡¡responde por favor!!!! 


Yo- ¿no me lees?


Yo - di algo..


Histérica, cogí mi agenda y marqué su número de teléfono. Yo sí tenía dos líneas y podía permitirme permanecer en internet mientras le llamaba. Conseguí comunicación con el extranjero y esperé... esperé nerviosa, mordiéndome el labio, más agitada que entera, más asustada que nunca... prácticamente bailaba en mi asiento. 

Pero no contestaba. 

Colgué furiosa pegándole tal golpe al auricular que pensé que me habría cargado el teléfono. Volví al privado y traté de que mi amiga respondiera. No lo hacía. Al final apareció un mensaje en mi privado. En su ventana.

Ella - Ahora sí te veo- No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento.

Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El chat me indicó que tras escribir esa última frase, mi amiga había salido del mismo. Ya no estaba allí. No se había despedido de nadie, ni de mí, ni del resto de los miembros del chat. Se había desconectado.

Miré fijamente la pantalla que sólo se movía ahora en el chat general. Ni siquiera sé de qué estaban hablando. Para mí todas las líneas no tenían significado, sólo podía mirar su último comentario del privado. “Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento”. 

Entonces lo entendí....



Comencé a llorar desesperada. 

Mis manos corrieron a mis ojos y lloré sofocada, entendiendo que mi amiga había muerto, que era yo la que había tenido el presentimiento y la premonición, y que ahora ella estaba a mi lado. Esta extraña comprensión me hizo girarme y mirar mi habitación vacía. No quería creer que no estuviera allí. No podía, no después de todo.... 

Acarició mi cabeza tan suave como un suspiro. Transmitió tal cantidad de paz que lejos de asustarme me relajó. Mis lágrimas continuaron cayendo por las mejillas. Ya no las secaba. Miraba al vacío sabiendo que ella estaba frente a mí.

- ¿Qué te han hecho? . –Pregunté al aire. 

- Pssss -  

Respiré hondo al escuchar ese sonido. Era como cuando era pequeña, tenía miedo y mi madre ponía su dedo en la boca y soplaba para que olvidara el tema y pensara en cosas bonitas.

Ladeé triste la cabeza. La paz de su caricia no me abandonaba pero sabía que éste sería nuestro primer y último encuentro sin el ordenador de por medio. Me tembló el labio.

- Te echaré de menos.-  

En ese momento en el ordenador hubo un movimiento general. Se minimizó el chat, se abrió solo un archivo de texto, y apareció una pequeña frase en la página en blanco.- ¡Y YO A TI!


viernes, 22 de enero de 2016

¡EL CUADRO DEL PAYASO!

Junto con el nuevo trabajo de Andrés vinieron cambios para toda la familia, el principal fue que tuvieron que mudarse de ciudad. A los más pequeños no les molestaba el cambio, pero el hijo mayor un adolescente de 15 años no estuvo de acuerdo, había dejado sus amigos, su escuela, su vida atrás..
Al llegar a su nuevo hogar se impresionaron un poco, la casa era enorme vista desde fuera, más de lo que se habían imaginado, la madre saltaba de gusto con sus dos hijos péquenos, les parecía un castillo. El padre se sentía orgulloso de ver a los miembros de su familia tan contentos, aunque su hijo mayor no expresaba emoción alguna, solo cargaba las mochilas hasta la entrada sin decir una palabra...

Decidieron entrar todos juntos, tomados de la mano pasaron a un gran salón, que estaba en su totalidad amueblado, había en la pared el cuadro de un payaso, con el puño cerrado, lo cual logró que el jovencito entrara en el ambiente de festejo de los demás diciendo: – Que buen gusto tienen para decorar -, mientras se reía de forma sarcástica y apuntaba hacia el cuadro – Yo creo que es bonito dijo uno de los pequeños – y así asintieron los demás, el único que no estuvo de a cuerdo fue el padre, pero por mayoría de votos, el cuadro permaneció en su lugar..
Después de hablar un rato sobre su nueva casa y hacer planes fueron a dormir cansados. A la mañana siguiente el padre se levantó más temprano que todos con una actitud sospechosa, pasado un instante la policía llegó al lugar mientras él les comunicaba a sus hijos que su madre había fallecido de un infarto. Nadie prestaba atención al cuadro del payaso, pero este había subido un dedo de su mano. Esa noche la tía de los pequeños vino desde lejos a cuidarlos, mientras el padre se organizaba, pero a los pocos días el hombre murió también ahogado en la bañera, pensaban que se había suicidado. De nuevo nadie notaba el cuadro, pero el payaso había levantado ya dos dedos.
Uno de los pequeños enfermó gravemente, mientras estaban en el hospital, el payaso levantó el tercer dedo, la tía llegó a casa a comunicarles que su hermano había muerto. Un poco confundido el joven se fue a la calle tratando de digerir lo sucedido, pues su familia se estaba acabando. Cuando el joven regresó, vio la casa hecha cenizas, se había quemado por completo con su hermana y su tía dentro, esta vez sí estaba completamente solo. Entre gritos y llantos pudo ver que lo único que los bomberos lograron rescatar intacto fue el cuadro del payaso, con la mano completamente abierta.
Después de pasar 10 años entre ventas, regalos y subastas el cuadro llegó a manos de otra familia, cuando lo colgaron en la pared, este tenía su mano completamente cerrada, esperando un nuevo conteo....  

¡NO ABRAS LA PUERTA!

Es muy común encontrarnos en nuestra vida diario con diversos letreros de advertencia, desde las típicas y conocidas señales viales, hasta los carteles de prohibiciones: “NO tocar”, NO pisar el césped, NO abrir, NO… NO… NO…. Con todas estas imposiciones finalmente terminamos pasando por alto una que otra, pensando que tiene gran trascendencia, pero los avisos están ahí por alguna razón.
Hace algunos años, se mudó al edificio una familia con varios hijos, entre ellos, un pequeño maleducado de nueve años. Se dedicaba a molestar a todos sin recibir castigo, pues a su familia no le importaba mucho. En un par de semanas, andaba en la zona de mantenimiento apagando los sistemas; hubo multas y llamados para la familia por esto, pero no respondieron a nada.
Pero cuando el briboncillo desapareció, movilizaron a toda la ciudad, trajeron a los medios de comunicación para acusarnos por lo sucedido, argumentando que desde un inicio no nos agradaba. Por suerte para nosotros, hasta en ese punto había cámaras de seguridad, en las grabaciones se le veía entrar a la zona de calderas. Se acercó hasta un enorme letrero que decía: ¡No abras la puerta! pero aun así, lo hizo, la imagen se distorsionó un poco, pero claramente se notaba a la perfección la salida de una sombra humanoide, la cual lo absorbió completamente, hasta no dejar rastros de él.
Yo observaba a escondidas, me sentí tan nervioso como los demás testigos del video. La puerta estaba tapiada, según decían los vigilantes se hizo eso veinte años atrás cuando algunos chicos desaparecieron en las mismas condiciones, en ese entonces ocultaron todo, tal como lo harían también en esta ocasión.
El caso fue enterrado, no escuché nada más de él, pero he continuado mi vida con miedo desde entonces, porque nos quedamos en el mismo edificio, vi muy bien lo que sucedió, esa sombra podía fácilmente atravesar gruesas paredes de concreto, no veo como podría ser contenida ahí dentro, pero al menos aprendí bien mi lección, no andaría por ahí abriendo puertas que no debo..
 

miércoles, 13 de enero de 2016

¡LOS PAYASOS SINIESTROS!

En un típico día de vacaciones, sin saber que fuera el último que viviría, salí a jugar futbol un rato con mis amigos, terminamos de jugar como eso de las 7, ya empezaba a caer la noche, Juan un amigo pensó que era un buen momento para quedarnos y empezar a contar historias de terror para ver quién de nosotros era más miedoso. Empezamos a contar las historias, ya había pasado un largo rato y pensé que estaba bien jugar alguna broma así que, empecé por los payasos diciendo que esos seres llenos de maquillaje sin chiste, tontos, vestidos de ropas llamativas, no causaban ningún miedo, los demás empezaron a contar cosas malas sobre los payasos, ya casi eran las once de la noche, Juan y yo empezamos a escuchar ruidos extraños que no sabíamos de donde provenían, parecían como de niños pequeños, al decirle a los demás sobre lo que escuchábamos nos tomaban a locos y decían que ellos no habían escuchado nada, así que decidimos que cada quien se fuera a su casa.

Llegue a mi casa, ya todo estaba apagado, fui al cuarto de mis padres y los vi ya dormidos, después fui a ver si de casualidad mi hermano seguía despierto, pero al igual estaba dormido, decidí que ya era hora de que también durmiera, fui a mi cuarto me puse la pijama y me acosté, al empezar a dormirme comencé a escuchar nuevamente aquellos ruidos extraños y en eso alguien soltó una terrible carcajada ¡¡¡JAJAJAJAJAJA!!! que me dio demasiado miedo después escuche a niños riéndose y jugando, de tanto miedo que me provoco me dieron ganas hasta de llorar, así que me senté, cerré los ojos y al volverlos a abrir vi que enfrente de mí estaba la cara de un payaso con dientes muy grandes y ojos brillantes color rojo al igual que el cabello rojo, nariz grande y roja, su ropa era de color blanco con rayas rojas y manchas de sangre se dirigió a mí y dijo: ¿Qué no te dan miedo los payasos, porque somos sin chiste y tontos y peor aún que no causamos miedo? Te mostrare que es todo lo contrario.

 De pronto desapareció y yo quede inmóvil sin poder mover ni un musculo de mi pesado cuerpo, intentaba gritar pero ni una sola palabra podía salir de mi boca es como si hubiera quedado mudo, mi cuarto empezó a ponerse raro era como si nunca hubiera estado ahí, de repente las paredes empezaron a pintarse de color rojo, y empezó a llenarse de payasos que infundían demasiado miedo, uno de ellos que estaba en una esquina llevaba cargando a mi gato, el cual gemía del dolor, otro saco un enorme cuchillo y empezó a destazar a mi pobre e indefenso gato, yo solté en llanto y dentro de mí gritaba fuertemente ¡¡COMO PUEDE SER POSIBLE QUE ME ESTE PASANDO ESTO!! ¡¡SUELTEN A MI GATO, EL NO SE MERECE ESTO!! Mientras los payasos me veían y soltaban grandes carcajadas...

Al terminar de destazar a mi gato, uno de ellos empezó a comérselo, mientras que de otra esquina salieron otros tres payasos cargando a mis padres y a mi hermano, ellos gritaban con gran desesperación ¡¡AYUDANOS, AYUDANOS, PORFAVOR!! Mientras que yo sentía un enorme terror dentro de mí y gran desesperación por que por más que intentara moverme mi cuerpo no respondía, seguía inmóvil, mientras que los payasos empezaron a golpear a mi familia violentamente y sin piedad alguna. No entendía como esos seres que se dicen llenar de alegría a la gente y que se mostraban indefensos podían ser capaces de tanta crueldad. Uno de los payasos saco un matillo y empezó a golpearlos con ello, los gritos de auxilia de mi familia se hacían aún más estremecedores, llenos de gran dolor y angustia ¡¡¡¡ AYUDENNOS, PORFAVOR, YA NO SIGAN, POR QUE A NOSOTROS, DEJENNOS!!!! ¡¡¡¡POR FAVOR!!!! ¡¡¡¡ NO SIGAN!!! Mientras que el martillo ya estaba todo lleno de sangre la cual brotada de todas partes...

Por razones inexplicables yo seguía sin poder mover ni un musculo, ni pronunciar palabra, solo podía observar con mis ojos llenos de lágrimas el enorme sufrimiento del cual era víctima toda mi familia de pronto uno de los payasos se paró frente a mí y dijo: ¿QUE OPINAS AHORA? mientras soltaba una carcajada ¡¡JAJAJAJA!!  la cual estaba acompañada de brotes de sangre, ya no podía soportar más ver tanta tortura inhumanidad por parte de los payasos y yo con gran desesperación de no poder hacer nada quede inconsciente...

Al despertar pensé que todo había sido un terrible sueño que por fin había terminado, pero al levantarme volvió el horror hacía mi al ver que mi cuarto realmente estaba lleno de sangre y los cuerpos tanto del gato y de mi familia estaban tirados por todas partes, salí corriendo a casa de mi amigo Juan que era la más cercana, pero al llegar a su patío me di cuenta que estaba lleno de ambulancias, paramédicos y policías, me acerque a un paramédico y pregunte ¿Que había pasado? a lo cual el paramédico respondió: alguien ha asesinado durante la noche a toda aquella familia. Yo me solté en gran llanto pensando que tal vez había pasado lo mismo que en mi casa.Cuando investigadores entraron a mi casa y observaron que toda mi familia estaba masacrada y muerta, pensaron que el culpable de todo había sido yo así que me dieron por detenido, me sometieron a grandes interrogatorios, fui víctima de torturas para confesar la verdad, y por si fuera poco me dieron por loco y me encerrado en un psiquiátrico de por vida en el cual me mantienen sedado todo el tiempo lo cual favorece a que aparezcan todos aquellos recuerdos horribles y desgarradores acerca de mi familia y mi amigo que desearía borrar de mi mente para siempre.

Es por ello que decidí ingeniármelas y robar un frasco completo de pastillas para dormir y tomármelas para así poder descansar en paz nuevamente. Finalmente y antes de irme de este mundo te aconsejo no jugar nunca con los payasos, YO ME ARREPIENTO DE HABER DICHO TODAS AQUELLAS COSAS, PERO YA ES DEMASIADO TARDE. ¡¡Adiós me voy a reunir nuevamente con mi familia!!

martes, 12 de enero de 2016

¡LA LLAMADA DEL DIABLO!

Hace algunos años en una antigua residencia ubicada al norte de esta ciudad una chica de escasos 21 años llamada Lucía se quedó a cargo del cuidado de dos pequeños niños, Lucía jamás imaginó que al aceptar esta encomienda también aceptaba vivir la peor experiencia de su vida....

Mamá: Gracias por cuidarlos Lucía, te prometemos no tardar mucho.

Lucía: No se preocupe señora, lo hago con mucho gusto, váyanse tranquilos y diviértanse.

Mamá: Mira, junto al teléfono te dejo el número donde podrás localizarnos esta noche y te todas formas yo llamaré antes de las diez para darle las buenas noches a mis niños.
Norma de 10 años y Miguel de 7 eran los pequeños que aquella noche compartirían un espeluznante momento con Lucía.

Lucía: Hay estos niños son tan tranquilos que seguramente se van a dormir temprano y no tendré ningún problema durante toda la noche, así sirve y adelanto mis tareas.

Norma: ¡Lucía! ¡Lucía! ¡Sube por favor! ¡Ayúdame!

Lucía: ¿Qué pasa Norma? ¿Dónde estás?

Norma: En mi cuarto por favor, ¡ayúdame!

Arriba se encontraba la habitación de los niños y de los padres. Lucía subió apresuradamente las escaleras sin sospechar lo que iba a ocurrir en el primer descanso.
Niños: ¡Búuu!

Lucía: ¡Qué barbaros! Que susto me dieron. Ahora no les voy a contar la historia de miedo que les prometí para antes de ir a dormir.

Miguel: No Lucía no seas mala, cuéntanos la historia, ándale.

Norma: Perdón Lucía pero fue muy divertido.

Lucía: Héctor se fue adentrando cada vez más para entrar a la habitación de su hijo, hasta que sintió a sus espaldas la presencia de un espectro fantasmal. Después de esto escuchó un ruido de las pesadas y  oxidadas cadenas que se arrastraban por la casa, hasta que se desaparecían justo en la habitación del pequeño Lalo.
(Suena teléfono)

Norma: ¡Aaaahhh! ¡Jajaja! Lucía, ya pagamos lo que te hicimos.

Lucía: Bueno bueno ya cállense. Déjenme bajar a contestar que seguro es su mamá que llama para darles las buenas noches, que por cierto ya se había tardado eh.
Lucía bajó con rapidez las escaleras buscando el teléfono en la sala de la casa.

Lucía: ¿Bueno?... ¿Bueno? ¡¿Bueno?! ¿Quién habla?

Lucía…

Lucía: ¿Bueno? ¿Quién habla?

El miedo le envolvía cada vez más y la voz de ese personaje se hacía más aterradora...

Lucía: ¿Señora Marta? ¿Es usted?

Lucía, estoy aquí lucía.

Lucía: Ya deje de jugar o voy a llamar a la policía.

Norma: ¡Lucía! ¡Ayúdanos, por favor! ¡Aahhh!

Lucía: Y luego estos niños jugando con sus bromas, que se callen por favor.

Niños: ¡Aaahhhhrrggrgrgrg!

Quédate ahí quieta. En seguida bajaré por ti.

(tono de colgado) (estallido de vidrio) (sonidos guturales como de una bestia)
Cuando la mamá de los niños llegó, Lucía permanecía desangrándose en los escalones y con un tibio aliento pudo decir:

El diablo, el diablo, el diablo estuvo aquí.

Mamá: ¡No! ¡No, mis hijos no! ¡Nooo!

Nadie supo decir exactamente lo que había pasado, la pobre Lucía murió de miedo y enloquecida después de haber vivido años recluida en un hospital psiquiátrico. ¡Ah! Un consejo, si alguna vez se quedan solos en casa o ustedes que me leen están solos, asegúrense de cerrar bien todas las puertas y ventanas o el mal podría colarse através de ellas.

¡Enseguida bajaré por ti!

¿Y tú que harías si recibieras esa llamada?